lunes, 16 de mayo de 2016

Hilas y las Ninfas y otros mitos




Detalle del mosaico Las Metamorfosis, Hilas y las Ninfas, Villa Romana de Carranque, Toledo

En el cubiculum de Materno de la villa romana de Carranque se encuentra el llamado Mosaico de las Metamorfosis, con escenas que representan episodios mitológicos recogidos en obras literarias de la antigüedad clásica.

Una de las historias retratadas es la del hermoso joven Hilas, raptado por las ninfas de las aguas.
Hilas es hijo de Tiodamante, rey de los Dríopes, y de la ninfa Menodice. Cuando Hilas era aún muy niño, Heracles mató a su padre y le raptó a él. Después le educó con esmero y le hizo su compañero inseparable, y también su amante según la versión más común, porque Hilas era un muchacho de extraordinaria belleza. Ambos participaron en la expedición de los Argonautas, al mando de Jasón, y allí ocurrió el suceso crucial en el mito de Hilas. Habiendo desembarcado los héroes en Misia, se disponían a cenar y el joven Hilas fue con un cántaro en busca de agua para la comida. Encontró una fuente (o lago o río) y cuando se agachó para coger agua, las ninfas de la fuente, que habitaban dentro del agua, enamoradas de la belleza del joven, lo atrajeron y lo hundieron, para inmortalizarlo junto a ellas. Ante su tardanza, Heracles empezó a buscarlo, desesperado, llamándole a gritos. No cesaba de mirar por todas partes, y, desesperado, ya no volvió a la nave Argo, que partió sin él.

Aunque este mito ya se conocía en el s. V a. C., y quizás también antes, es en la época helenística y en la romana cuando se hace popular, siendo las fuentes literarias principales —y las más antiguas en que se encuentra desarrollado por entero— dos poemas del s. III a. C., Argonáuticas de Apolonio Rodio y el Idilio 13 de Teócrito. En época romana hay algunos autores que tratan el tema, como Propercio, Marcial y Antonino Liberal, que recoge el mito narrado por Nicandro.

La gran mayoría de las representaciones de Hilas, suelen estar relacionadas principalmente, con el rapto por las ninfas, que se convierte en motivo esencial del mito, quizá por analogía con otras imágenes de raptos de tema erótico, que son muy numerosas en el arte romano. Si bien es esta tendencia de representación del mito la que triunfó, según puede deducirse del número de imágenes conservadas, existió también y se mantuvo a lo largo del tiempo otra tradición que parece ser minoritaria y que representó el episodio atendiendo más fielmente al sentido de la narración del episodio, con la figura de Heracles buscando infructuosamente al joven.



Mosaico de Hilas y las Ninfas con Hércules, Itálica

“Heracles, cuando realizó la travesía marítima con los Argonautas, que le habían designado como su jefe, llevó consigo a Hilas, hijo de Ceix, joven que gozaba de una gran belleza. Ya habían arribado al estrecho del Ponto y navegado bordeando las extremidades del Argántona, cuando se produjo una tempestad y una violenta batida de oleaje. Los Argonautas tiraron el ancla y dieron reposo a la nave. Heracles, entonces, se dispuso a preparar la comida a los héroes. El joven Hilas, con un cántaro, se acercó hasta la orilla del río Ascanio para llevar agua a los jefes. Las ninfas, hijas de este río, al verle, quedaron prendadas de él y, en el momento en que Hilas estaba sacando agua, lo arrastraron al interior de la fuente. Hilas desapareció; y, como quiera que no regresara, Heracles abandonó a los héroes y comenzó a explorar el bosque en todas direcciones, llamando incesantemente al muchacho a grandes gritos. Las ninfas, temiendo que Heracles encontrara a Hilas escondido entre ellas, convirtieron al joven en un eco que respondía con regularidad a las voces de Heracles. Éste, como no pudo encontrar a Hilas, pese a sus denodados esfuerzos, regresó al navío y se embarcó con los héroes, pero dejó a Polifemo en aquel lugar, con la esperanza de que prosiguiera la búsqueda y encontrara a Hilas. Polifemo murió, empero, antes de haberlo logrado. Las gentes del país ofrecen, todavía en nuestros días, sacrificios a Hilas al borde de la fuente. El sacerdote le llama por su nombre tres veces, y tres veces le responde el eco.” (Antonino Liberal, Metamorfosis)

Antonino Liberal es el único que hace de Ceix el padre de Hilas. Para el resto de los autores, su padre era Tiodamante, rey de los dríopes, a quien dio muerte Heracles. Según otros autores, Heracles ya no vuelve a embarcar.

El tema del rapto de mujeres y jóvenes hermosos por parte de dioses o seres inmortales es ampliamente tratado en la literatura clásica. Zeus se lleva a Europa y Ganímedes, las ninfas atrapan a Hilas y Hermafrodito. El amor y el erotismo son las razones que llevan a la abducción por parte de las Ninfas de muchachos que se acercan a buscar agua o refrescarse en las orillas de las aguas donde ellas residen.




Mosaico de Hilas y las Ninfas, Museo Saint Roman en Gall, Francia

Propercio se convierte en un instructor del amor de Galo al que pone como ejemplo el mito del rapto de Hilas.

"Esto te advierto, Galo, en nombre de nuestra constante amistad
(que no se te escapen estos consejos de tu ánimo confiado).
A menudo la mala suerte le llega al amante sin esperársela:
que lo diga el cruel Ascanio a los Minias.
El objeto de tu pasión no es inferior en belleza, no diferente
en el nombre, igual a Hilas, el hijo de Tiodamante.
A éste tú, ya recorras los ríos de un sombrío bosque,
ya las aguas del Anio bañen tus pies,
ya vagues por las playas del litoral de los Gigantes,
o donde sea con la hospitalidad de un serpeante río,
defiéndelo siempre del rapto apasionado de las ninfas
(no es menor el amor de las itálicas que el de las Adríades).
Que no tengas que visitar sin descanso, Galo, montes
escarpados, frías rocas o lagos conocidos:
esto fue obligado a sufrir el desgraciado Hércules, errando
por tierras desconocidas y llorando al cruel Ascanio.
Pues cuentan que un día la nave Argo, salida de los astilleros
de Págasas, tomó rumbo a la lejana Fasis,
y, después de sortear, deslizándose sobre las aguas, las olas
de Atamante, llegó a los escollos de los misios.
—Aquí el grupo de los héroes, cuando se detuvo en las tranquilas
orillas, cubrió la playa de un blando lecho de hojas—.
Pero el compañero del joven invicto había ido lejos a buscar
el agua cristalina de una apartada fuente.
A éste dos hermanos lo siguieron, prole de Aquilón;
revoloteando sobre éste Zetes, sobre aquél Cálais,
intentaban robarle besos extendiendo las manos
y darle besos desde el aire uno después de otro.
El muchacho se inclina y se separa de los extremos de las alas,
apartando con una rama el acoso de los hermanos alados.
Ya se había retirado la estirpe de Oritía, descendiente de Pandíon:
¡ay, qué pena!, se iba Hilas, se iba hacia las Hamadríades.
Allí estaba Pege cerca de la cima del monte Arganto,
húmeda morada, grata a las ninfas de Tinia;
sobré ella colgaban frutas con el frescor del rocío debajo de
árboles salvajes que nada debían al cultivo;
y a su alrededor crecían en un húmedo prado lirios blancos,
mezclados con adormideras color de púrpura.
Y ya cortándolas inocentemente con sus tiernas uñas
prefirió las flores al deber impuesto,
ya recostándose, ignorante, sobre las límpidas aguas,
atractivas imágenes le inducen a error.
Al fin se dispone a tocar el agua metiendo sus manos
y arrastra la abundante corriente, apoyado en su hombro derecho.
Tan pronto las Dríades, enamoradas de su belleza,
abandonaron, asombradas, sus danzas habituales, suavemente le
hicieron resbalar y lo acogieron con agrado en sus aguas:
entonces, mientras su cuerpo era raptado, Hilas dio un grito.
A él de lejos el Alcida responde repetidamente, pero el viento
sólo le devuelve el nombre desde las remotas montañas.
Advertido, Galo, por estos ejemplos, conservarás tu amor,
tú que has dado la impresión de confiar el hermoso Hilas a las ninfas."

(Propercio, I, 20)


Ser arrastrado hacia el fondo de las aguas se ha interpretado como una metáfora de ser conducido al inframundo tras la muerte. Es por ello que escenas relacionadas con Hylas son representadas en sarcófagos.



Mosaico opus sectile, Hilas y las Ninfas, Museo Nazionale Romano

 En el mundo helenístico se celebraban algunas ceremonias religiosas en las que los oficiantes simulaban el rito de buscar y llamar al joven desaparecido, como hizo Heracles con Hilas, convirtiéndolo en un ser divino.

“A Astácides de Creta, pastor de cabras, lo arrebató una
ninfa montaraz. Ahora es sagrado Astácides. Ya nunca más,
al pie de los robles Dícteos, cantaremos a Dafnis, pastores,
pero a Astácides siempre.” (Calimaco, epigrama XXII)

Es muy posible que Hilas fuera, en su origen, un dios de la vegetación que desaparece en una época del año, para volver a surgir con la primavera, como ocurría con Perséfone, raptada por Hades y buscadas por Demeter, su madre.

En el mundo oriental se creía que los niños y jóvenes que se habían ahogado habían sido raptados por los seres mitológicos que vivían en las aguas de arroyos, ríos o lagos. Eran arrebatados del mundo terrenal por su belleza e inocencia, pero al morir de tal forma se convertían en divinidades a las que se rendía culto. Muchos epitafios así lo muestran.
En Hermópolis, Egipto se halla una dedicatoria de un padre a su hija Isidora en la que se compara a la niña con Hilas, se la reconoce como una divinidad a la que se llevan ofrendas.

“En verdad las Ninfas han construido para ti, Isidora, este tálamo, las Ninfas hijas de las aguas. Nilo, la mayor de las hijas del Nilo, comenzó construyendo la concha, semejante a la que en las profundidades tiene en el palacio de su padre, maravilla para la vista. Y Crenea, esposa de Hilas tras su rapto, puso las columnas a ambos lados, como la gruta donde entre sus brazos tiene a Hilas, el aguador. Las Oréades eligieron el lugar y fundaron en él un templo. Para que tengas algo digno de ellas.

Ya no voy a ofrecer en memoria tuya más sacrificios acompañados de lamentos, hija, ahora que se que te has convertido en una divinidad. Haced libaciones y entonad plegarias en honor de Isidora, que fue raptada por las Ninfas y se ha convertido en una de ellas. Salud, hija mía. Ahora tu nombre es ninfa, y cada año las Estaciones derraman sus frutos como una libación en tu honor. El invierno, blanca leche, la untuosa flor del olivo y una corona tejida con narcisos, la más delicada de las flores. La primavera te envía aquí el producto de la laboriosa abeja y la rosa, que brota de su capullo, flor querida de eros. El verano, la bebida del lagar de Baco y una corona tejida para ti con los racimos de uvas que penden de las ramas. Estas son las libaciones que recibes ahora y todas ellas se renuevan cada año, como el culto a los inmortales. Por ello ya no voy a ofrecerte más sacrificios acompañados de lamentos, hija.”


El peligro de morir ahogado debía estar muy presente en el mundo antiguo, cuando el contacto con las aguas estaba más presente en la vida cotidiana, y por ello los fallecimientos de niños al caer en ellas causaban un profundo dolor que se refleja también en la literatura.

“Llorad vuestro crimen, pero lloradlo por todo el Lucrino, Náyades, y que sienta vuestros lamentos la misma Tetis. Arrebatado entre las aguas de Bayas ha muerto un niño, el famoso Eutico, tu dulce compañía, Cástrico. Éste era el compañero y el dulce alivio de tus cuitas; éste, tu amor y éste, el Alexis de nuestro poeta.
¿Acaso bajo las aguas cristalinas te vio desnudo una ninfa lasciva y ha devuelto su Hilas al Alcida? ¿O es que la diosa desprecia ya al afeminado Hermafrodita ansiosa del abrazo de un tierno varón? Sea ello lo que sea y cualquiera que haya sido la causa de este rapto súbito, ruego que tanto la tierra como el mar te sean delicados.”
(Marcial, VI, 68)



Mosaico de hilas y las Ninfas, Tor Bella Monaca, Museo Nazionale Romano,
foto Marie Lan Nguyen

Ovidio narra en sus Metamorfosis el encuentro de la ninfa Salmacis con un joven del que se enamora y al que pretende llevar consigo al interior de las aguas, para lo cual solicita ayuda de los dioses, concediendo estos que permanezcan por siempre unidos, convirtiéndose ambos en uno solo, Hermafrodito.

“El, por su parte, suponiéndose libre de miradas y en medio de praderas
solitarias, va de un lado para otro y en las aguas juguetonas se
moja las plantas de los pies desde los dedos hasta el talón. y sin
tardanza, atraído por la agradable temperatura de las aguas acariciantes,
 se quita del tierno cuerpo sus finas ropas. iEntonces fue
cuando gustó a Sálmacis, que se encendió en el deseo de sus formas
desnudas! Hasta los ojos de la ninfa centellean, no de otro
modo que cuando Febo, en todo el resplandor de su disco deslumbrante,
es reflejado por la reverberación de un espejo puesto
enfrente; y apenas soporta la espera, apenas puede ya aplazar su
goce, ya ansía abrazar, ya, fuera de sí, no logra dominarse. El
muchacho se golpea el cuerpo con el hueco de sus palmas y salta
raudo a la líquida superficie, y moviendo alternativamente sus
brazos destella en medio de las límpidas aguas como si se cubrieran
de transparente cristal estatuas de marfil o blanquísimos lirios.
"iHe vencido y es mío!" grita la Náyade, y, arrojando lejos
de si toda su ropa, se lanza en medio de las aguas, lo coge, aunque
él se resiste, le arranca besos por la fuerza, desliza sus manos por
debajo y toca el pecho recalcitrante, y envuelve al joven, ya por
seo un lado, ya por otro. Por último, mientras él se debate contra ella
y trata de escapar, lo enlaza como una serpiente a quien el ave del
rey de los dioses levanta y se lleva por los aires; colgando como
está, encadena la cabeza y las patas del águila, y con la cola
enlaza sus inmensas alas desplegadas; o como suele la hiedra
arroIlarse a los largos troncos, y corno un pulpo que ha apresado bajo
los mares a un enemigo y lo sujeta arrojándole por todas partes
sus tentáculos. Persiste el AtIantiada y rehúsa a la ninfa el placer
que esperaba; ella le oprime, y, con todo su cuerpo unido a él
 Y conforme estaba adherida. le dijo: "Aunque luches, maldito,
no por eso te vas a escapar; hacedlo así, dioses, y que jamás llegue
un día que separe a éste de mi ni a mí de éste!" La plegaria
tuvo dioses que la escuchasen; pues los dos cuerpos se mezclan y
se juntan, y ambos se revisten de una forma única, como, cuando
 se unen ramas bajo una corteza, se las ve juntarse al crecer y
desarrollarse en una vida común; pues así, una vez que sus miembros
se soldaron en apretado abrazo, no son ya dos sino una forma
doble, y no podría decirse que es una mujer ni un muchacho;
ninguna de las dos cosas y las dos cosas parecen.”


Pintura La Ninfa Salmacis y Hermafrodito, Francois Joseph Navez

El culto a las deidades de las aguas ha tenido una gran continuidad desde el neolítico hasta nuestros días, sin que ninguna religión haya podido abolirlo. La enorme importancia religiosa del agua radica en que se ha percibido como proveedora de fertilidad, aunque también de destrucción. El hombre primitivo experimentaba la regeneración del campo mediante la inundación, la lluvia y los manantiales. Su potencia, además, llegaba más allá al significar vida eterna, milagros y unión con Dios.
El agua de pozos o fuentes, arroyos, ríos o lagos se consideraba una vía fundamental de acceso al otro mundo como lo muestran las ofrendas o los sacrificios humanos y animales arrojados a ella.
Generalmente las ninfas fueron consideradas en el mundo griego como la personificación de las fuerzas naturales del crecimiento y la fecundidad del reino animal y vegetal, a los que proporcionaban el calor y la humedad suficientes para su germinación y desarrollo. Sus santuarios estaban asociados a fuentes de cristalinas aguas, a la vegetación más exuberante, al ambiente más agradable, a todo lo que resultara placentero para los sentidos.
Había ninfas de las aguas o náyades, ninfas de las montañas u oréades, ninfas de los campos húmedos o leimoniades, ninfas de los árboles o hamadriades, ninfas de los fresnos o melias, y ninfas de las cuevas o andriades.
 Las ninfas romanas fueron fruto de un proceso de asimilación de las ninfas griegas con todas las divinidades indígenas de la naturaleza con vinculación exclusiva al elemento húmedo y su mayor papel en la medicina. Las ninfas se asociaban con todas las deidades relacionadas con la vegetación, como Hércules, o asociadas a la agricultura, como Tellus, Ceres, o Flora.


Mosaico de Hilas y las Ninfas, Volubilis, Marruecos

Ovidio integra el tema de la ninfa enamorada, la atracción de las aguas para un joven bello y la repetición de palabras con la venganza en el mito de Eco y Narciso. En esta historia Narciso no es raptado por la ninfa, pero sí queda atrapado por la visión de su propia imagen reflejada en el agua, de la que queda enamorado.

“Perseguía él un día hacia las redes a los espantados ciervos, cuando lo vio la ninfa de la voz, la que no ha aprendido ni a callar cuando se le habla ni a hablar ella la primera, Eco, la resonadora… ella, sin embargo, duplica las voces en los finales de frase y devuelve las palabras que ha oído. Pues bien, cuando vio a Narciso, que erraba por campos solitarios, y se enamoró, … ¡Oh, cuántas veces quiso acercársele con palabras seductoras y dirigirle cariñosas súplicas! Su naturaleza se lo impide y no le permite empezar; pero para lo que sí le permite está ella preparada, para esperar sonidos a los que responder con sus palabras. Casualmente el muchacho, que se había alejado de) fiel grupo de sus acompañantes, había dicho: "¿Hay alguno por aquí?" y "por aquí" había respondido Eco. Se queda él atónito, y al dirigir su mirada en todas direcciones, grita con poderosa voz: "Ven"; llama ella a quien le llama. Se vuelve él y como nadie venía dijo: "¿Por qué huyes de mí?", y escuchó en respuesta tantas palabras como había pronunciado. Insiste, y engañado por la sensación de la voz que contestaba, exclama: "Aquí, reunámonos", y Eco, que jamás respondería con más gusto a ningún otro sonido, "reunámonos" repitió: y secundando sus propias palabras salió de la selva y se encaminaba a echar sus brazos al cuello ansiado. Huye él, Y al huir le impide enlazarlo con sus manos; "antes moriré", dice, "que puedas tú gozar de mí". Ella no repitió más que "puedas tú gozar de mí". Desdeñada, se esconde en la espesura, llena de vergüenza se cubre el rostro de ramaje, y desde aquel momento vive en cuevas solitarias.
Así había él escarnecido a ésta, y así a otras ninfas nacidas en las aguas o en los montes, así antes a una multitud de varones. Y entonces uno de los despreciados, levantando las manos al cielo dijo así: "Ojalá ame él del mismo modo y del mismo modo no consiga al objeto de sus deseos". Asintió la Ramnusia (la diosa de la venganza Némesis) a la justa petición.
… el muchacho, fatigado por la pasión de la caza y el calor, fue a tenderse, atraído tanto por la fuente' como por la belleza del sitio. y mientras ansía apaciguar la sed, otra sed ha brotado; mientras bebe, cautivado por la imagen de la belleza que está viendo, ama una esperanza sin cuerpo; cree que es cuerpo lo que es agua. Se extasía ante sí mismo y permanece inmóvil y con el semblante inalterable, como una estatua tallada en mármol de Paros… ¡Cuántas veces dio vanos besos a la engañosa fuente! ¡Cuántas veces sumergió sus brazos intentando agarrar el cuello que veía en mitad de las aguas, y no consiguió cogerse en ellos!  No sabe qué es lo que ve, pero lo que ve le quema, y la misma ilusión que engaña sus ojos, los espolea. Crédulo, ¿para qué intentas en vano coger fugitivas imágenes? Lo que tú buscas no está en ninguna parte; lo que tú amas, apártate y lo perderás. Esa sombra que estás viendo es el reflejo de tu imagen.”



Pintura de Narciso y Eco, Casa del Efebo, Pompeya

Las ninfas recibían culto en numerosos lugares y les eran dedicados monumentos o simplemente ofrendas y agradecimientos por su intercesión a favor del dedicante.

«A las ninfas de la fuente Ameva Cneo Lucio Terencio Homullo iunior, hijo de
Lucio, legado de la legión VII Gemina Feliz». (CIL II.5084 + 5676, León)



Relieve dedicado a las Ninfas, Museo del Ermitage

Sin embargo, se consideraba un mal vaticinio ver salir una forma del agua, por lo que entre los romanos se generalizó el miedo a las ninfas ya que en pleno día a la hora del calor turbaban el espíritu de los que las veían, quedando presos de un entusiasmo ninfoléptico (posesión por las ninfas).
Por esta razón se recomendaba no acercarse en el mediodía a las fuentes, a los manantiales, a las corrientes de agua o a la sombra de ciertos árboles.

¿Qué joven es éste que guarda las distancias a las transparentes aguas de
Jantis? ¿Ha huido, acaso, Hilas de su dueña, la náyade? ¡Oh, qué bien que el de
Tirinto es venerado en ese bosque y que guarda tan cerca las aguas amorosas!
Puedes servir sin ningún cuidado, Argino, estas fuentes: no te harán nada las ninfas; pero, ¡ojo, no sea que te pretenda el dios! (Marcial, VII, 15)



Pintura de John William Webster, Hylas y las Ninfas, Manchester Art gallery

La decoración de los cubicula privados solían incluir motivos amorosos por lo que el tema del mito de Hylas y las ninfas se pueden encontrar en mosaicos y pinturas que decoraban las habitaciones más apartadas de la vista de las visitas de las casas romanas, aunque también aparecen en salas de baños de algunas termas.

“… y vi también tablas del divino Apeles, del género que llaman los griegos monocromo. Tanta era la verdad del dibujo y lo acertado del color que se hubieran creído imágenes vivientes animadas por el genio del pintor. Acá se elevaba sublime al cielo un dios cabalgando sobre un águila: allá el puro Hilas rechazaba las caricias lascivas de una Náyade; más lejos Apolo, deplorando el asesinato cometido por su mano, adornaba su lira, recogiéndola de sobre un jacinto recién abierto. En medio de tales maravillas, y olvidando que me hallaba en un paraje público, exclamé: —¿Luego el amor no perdona ni a los dioses? Júpiter, no hallando en el cielo beldad que le satisficiese, baja en busca de su amor a la tierra, pero a nadie agravia con ello. La Ninfa de Hilas hubiera acallado su pasión si su ventura hubiese impedido de algún modo la de Hércules.” (Petronio, Satiricón, LXXXIII)




Pintura de Hilas y las Ninfas, Baños de Salamis, Chipre

Bibliografía:

electra.lis.upatras.gr/index.php/electra/article/download/2179/2227; AMORES DE HERACLES: CONTRASTES Y PARALELOS MÍTICOS; Alicia Esteban Santos
revistas.ucm.es/index.php/CFCL/article/viewFile/42757/40627; Spes lusa (VAL.FL.3.555). Hilas como anti-Julo; Antonio RÍO TORRES-MURCIANO
pendientedemigracion.ucm.es/centros/cont/descargas/documento12005.pdf; EL RAPTO EN LA MITOLOGÍA CLÁSICA; Assela Alamillo
es.antiquitatem.com/rapto-de-hylas-mosaico-italica-ninfas; El rapto de Hylas representado en un mosaico de Itálica muy peculiar; 25/05/2015
http://dspace-unipr.cineca.it/bitstream/1889/2076/1/Pietropaolo.pdf; ECHOES OF HYLAS. THE POETICS OF ALLUSION IN PROPERTIUS in Parole Rubate. Rivista Internazionale di Studi sulla Citazione, MARIAPIA PIETROPAOLO
www.upo.es/arqueologia/_galerias/descargas/Romvla-3.4.pdf; EL MOSAICO ITALICENSE DE HYLAS; Irene Mañas Romero
Epigramas funerarios griegos, Ed. Gredos
Las musas y el origen divino del canto y del habla, Walter F. Otto, Google books
Greek Nymphs : Myth, Cult, Lore; Jennifer Larson, Google books

lunes, 28 de marzo de 2016

Villa romana Fuente Álamo, Puente Genil, Córdoba



La villa en su entorno natural


Interior de la villa


Otra vista del interior de la villa

Mosaico geométrico de la villa

Mosaico figurativo de la villa

Detalle del mosaico anterior


Mosaico de tema dionisiaco

Mosaico en exedra

Tumbas en el exterior de la villa

Maqueta de almazara en el centro de interpretación de la villa

Fotos propias


Para información:

http://www.villaebaeticae.es/villas-visitables/16-villa-fuente-alamo-puente-genil-cordoba

sábado, 2 de enero de 2016

Agua, fuente de vida y placer para la villa

¿Has tenido ocasión de ver el río Clitumno? Si no ha sido así (y supongo que no, pues, de lo contrario, me habrías hablado de él), conócelo ahora a través de mi descripción, pues lo he visitado recientemente (y lamento que haya sido tan tarde).
Una pequeña colina se levanta allí cubierta por un bosque espeso y umbroso poblado de antiguos cipreses. En una de sus laderas nace un manantial que surge de las entrañas de la tierra a través de numerosas venas de agua, si bien desiguales… Es aún un manantial y ya se ha convertido en un río de un amplísimo caudal, que puede incluso ser recorrido con naves, que transporta y lleva felizmente de un lado a otro aun en el caso de que dos de ellas se encuentren en medio de su cauce una frente a la otra y en direcciones opuestas… A los que pasean por él en barca por placer y con el simple deseo de distraerse les resulta igualmente delicioso, según cambien de dirección en uno u otro sentido, pasar del esfuerzo al descanso y del descanso al esfuerzo.


Pintura de Henrik Siemiradzki

Sus riberas están cubiertas de abundantes fresnos, de álamos abundantes, que las claras aguas del río permiten contar por el reflejo de su verde imagen, como si estuviesen sumergidos bajo ellas… junto al río se levanta un templo antiguo y muy venerado. En su interior hay una estatua del dios Clitumno, de pie y elegantemente vestido con la toga pretexta. En los alrededores hay diseminados varios santuarios más pequeños, consagrados a otros tantos dioses… Algunos incluso poseen su propio manantial, pues, además del Clitumno, que es como el padre de los restantes, hay varios arroyuelos que se distinguen por su origen, pero que finalmente desembocan en el río principal, atravesado en ese lugar por un puente. En la parte superior, únicamente está permitido pasear en barca, en la inferior también se puede nadar… Y no faltan villas que, atraídas por la belleza del río, se levantan en sus márgenes. (Plinio, VIII, 8)

En las antiguas villae rusticae, las casas de campo romanas dedicadas a la producción agrícola, tener fácil acceso al agua era fundamental para lograr un beneficio económico y gozar de las comodidades deseadas. Antes de decidir la ubicación ideal para una finca productiva se valoraba la cercanía a cursos fluviales o que se pudiese recurrir a acuíferos subterráneos que hiciesen posible el suministro de agua para regar los campos, para el consumo e higiene de sus habitantes y para la ornamentación de jardines.


Pintura de Luigi Bazzani
El agua se recogía de ríos, manantiales y arroyos mediante redes hidráulicas, transportándola hasta los puntos de consumo. Los romanos perfeccionaron las técnicas procedentes de Oriente y Grecia, añadiendo algunas innovaciones que ayudaron a controlar el proceso del transporte del agua desde su origen hasta su destino. El progreso tecnológico les permitía conducirla artificialmente, incluso cuando las condiciones del terreno eran adversas, así como desviar el cauce natural de un río mediante canales.

Era conveniente que el manantial, ya se tratara de una fuente o de un río, se hallara a un nivel más alto que las zonas a las que se pretendía proveer de agua.  La pendiente adecuada posibilitaba que el agua canalizada fluyera durante un trayecto más largo.

“¿Qué voy a decir de aquél que cuando ha echado la semilla sigue pegado a la tierra y allana los montones de arena demasiado gruesa, y luego mete el agua por las acequias que la llevan a los sembrados, y cuando el campo abrasado se retuerce con el trigo moribundo, he ahí que desvía desde la altura el agua de un canal en pendiente? Ésta al caer forma un murmullo ronco entre las piedras lisas y alivia con sus cascadas los campos resecos." (Verg. Georg. I, 105).

Vitrubio (De Architectura VIII, 7) menciona que la conducción de aguas se podía hacer de tres maneras: por zanjas mediante obras de albañilería, con tubuli de terracota o con fistulae de plomo.
La ventaja de los tubos de barro sobre los de plomo es que su fabricación era más barata y era más fácil reponerlos si se deterioraban. Además, los romanos creían que los de arcilla conservaban mejor la pureza del agua, pues el contacto con el plomo la volvería insalubre, como aseguraba Vitrubio: “el agua es más sana cuando viene por tubuli que transmitida por fistulae; la razón está en que el plomo la vicia …” (De Architectura VIII, 7).

 Los tubos de cerámica, cuyo uso era más antiguo, se empleaban normalmente en el regadío, fuentes de jardines o en las cisternas que recogían las aguas de lluvia. Las tuberías de plomo se reservaban para las conducciones urbanas y para todas las que estuvieran sometidas a una gran presión, por su mayor resistencia.


Parte de una tubería romana, Palacio Nacional Romano

Según Varrón si no existía una fuente de agua cercana a la casa sería necesario construir una cisterna bajo techado, para uso de los hombres y una balsa al aire libre para el ganado. Debía haber dos establos o corrales, y en cada uno de ellos un estanque de agua, uno interior para los bueyes y cerdos; otro exterior para colocar a remojo los frutos que necesitan macerarse.

Columela incide en la necesidad de ese elemento para cualquier villa, e indica que el agua potable debe canalizarse mediante cañerías de barro a una cisterna: 

"Si faltara el curso de agua, búsquese cerca la de un pozo, que no deba sacarse de muy hondo, ni sea de sabor amargo o salado. Si también ésta faltara y nos viéramos forzados por la casi nula posibilidad de tener agua de manantial, dispónganse vastas cisternas para los hombres y estanques para el ganado; con todo, esta agua de lluvia es la más conveniente para la salud del cuerpo, y si se canaliza con tuberías de barro hasta una cisterna techada, se tiene por extraordinaria. Tras ella viene la viva que nace de los montes y se despeña volteando entre rocas, como la del monte Gauro, en Campania. El tercer lugar lo ocupa la de pozo excavado en un cerro o bien la que se encuentra en un valle, siempre que no sea en su parte más baja. Es pésima la cenagosa que se desliza con fluir perezoso y pestífera la que está siempre quieta en la ciénaga... Los arroyos de aguas vivas contribuyen mucho a mitigar los calores de los veranos y a hacer agradable un paraje; si la naturaleza del lugar lo permite, mi opinión es que deben ser conducidos hasta la casería a toda costa, y con la sola condición de que su agua sea dulce." (Columela, De Re Rustica, I, 5).

Paladio, autor tardío del s.V d.C. incluyó en su tratado referencias al uso y tratamiento del agua en el ámbito rural. Afirmaba que en cada explotación agrícola debería haber cerca de la casa de labranza dos estanques excavados en el suelo o vaciados en piedra, que fueran fáciles de llenar con agua de fuente o de lluvia, de manera que uno de ellos sirviera para abrevar el ganado y las aves acuáticas, y el otro para poner en remojo varas, cueros, etc.

En la parte rústica de la villa el mayor consumo de agua estaría destinado a las actividades agrícolas o industriales, como fábricas de salazones o talleres cerámicos, que implicaban un alto consumo de agua.
Augusto, Marco Aurelio, Antonino y Vero, decretaron que el agua de un rio público se debía dividir para regar los campos en proporción a las posesiones que allí hubiera, a no ser que alguien demostrase que por derecho propio se le había concedido más.
El uso del agua procedente de ríos y arroyos estaba regulado por leyes que controlaban el empleo fraudulento y multaban a los infractores. Había diferentes tipos de sistema de riego: sistemas privados de pequeño tamaño financiados y explotados por un solo propietario; sistemas colectivos alimentados por acueductos urbanos de propiedad imperial o municipal, gestionados por las correspondientes autoridades imperiales o cívicas; y sistemas colectivos con conducciones específicas financiadas por el emperador, los municipios o los propios beneficiarios que darían lugar a la constitución de comunidades de riego para gestionarlos.

Una inscripción de Viterbo sobre Mumio Nigro Vitelio Vegetto menciona la construcción de un acueducto rural, el aqua Vegetiana, para la que Vegeto, además de asumir los costes de tendido del conducto a lo largo de más de seis millas, hubo de comprar a siete propietarios diferentes las parcelas en las que se encontraba la fuente y aquellas por donde transcurría la conducción, así como obtener permiso del senado para llevar el acueducto a lo largo de diversas vías públicas.


Acueducto de Tarragona

Quien adquiría el derecho a llevar agua a su fundo, sólo podía hacerlo en favor de aquellas tierras para las que se hubiese acordado. No obstante, hay que tener en cuenta también que el derecho podía surgir espontáneamente, si se usaba el agua sin ningún tipo de impedimentos:

“Si por el uso diario y una larga cuasi posesión, alguien hubiese adquirido el derecho de acueducto, no tiene necesidad de explicar en virtud de qué derecho se constituyó tal servidumbre, es decir, si se constituyó por legado o de otro modo, sino que dispone de una acción útil para poder probar que habiendo usado durante tantos años, no poseyó con violencia, ni clandestinamente ni en precario... Y, en general, podrá ser ejercitada esta acción contra cualquiera que impida conducir el agua”. 

El desuso anulaba el derecho, puesto que, “si la servidumbre se constituyó para ser utilizada en días alternos, ya durante todo el día, ya sólo por la noche, se pierde una vez transcurrido el tiempo señalado por las leyes...”. A fin de evitar abusos monopolizadores que redundasen en perjuicio de los demás cultivadores, las horas de apertura y cierre de las conducciones debían ser escrupulosamente observadas:

“Si el que tiene derecho a usar la servidumbre de agua por la noche hubiese usado de ella sólo de día durante el tiempo establecido para perderla por desuso, pierde la servidumbre nocturna que no usó. Lo mismo sucede con aquel que teniendo el derecho de acueducto sólo para ciertas horas hubiere usado de él en otras distintas y no en momento alguno de las horas concedidas”.

El derecho a usar el agua a través de fundo ajeno podía establecerse, asimismo, por determinados meses o una estación concreta, por ejemplo, el verano, y también por años o meses alternos.
En el año 397 se denunciaba en el Código Teodosiano la práctica de la toma de agua de forma ilegal para irrigar los campos y se decretaba que se mantuvieran las penas por esta falta ( la confiscación de los campos).

El aqua profluens, una vez recogida en el curso público a través de acequias o canales, se convertía en privada, pero, aunque teóricamente el derecho de propiedad sobre ella correspondía tan sólo al dominus del fundo en que la derivación se iniciaba, esta situación podía modificarse constituyendo una servidumbre de acueducto en favor de uno u otros. Las características de la conducción determinaban, como es natural, quiénes y cómo podían servirse de ella.
El más interesante testimonio epigráfico sobre la distribución hidráulica con fines agrícolas nos lo proporciona una tabla de Lamasba (Numidia, actual Argelia) que conserva un reglamento de repartición de aguas entre los usuarios que es, a su vez, la revisión de disposiciones anteriores efectuada bajo el reinado de Heliogábalo. La tabla nos aporta la relación de dueños de fundi beneficiados por las distribuciones, cantidades correspondientes y horas de uso. Como criterios para repartir los recursos hídricos utilizables se adoptaron tres: el caudal de agua disponible, la superficie de las parcelas y la naturaleza de los cultivos practicados, esencialmente los cerealísticos, pero también el olivo.


Detalle del mosaico del Nilo de Palestrina

Los cultivadores tenían también derecho a usar las riberas de los ríos públicos, siendo preciso garantizarles dicha utilización contra todo tipo de abusos. Por ejemplo, en la ley de Urso (Osuna) estaba claramente expresada la prohibición de tapar o atascar las fossae (zanjas) situadas entre los fundos, bajo multa de 1000 sestercios.
Las actividades ganaderas también necesitaban la provisión de agua abundante. Los animales se conducían a los ríos o arroyos para abrevar y para bañarlos.

"Luego, cuando la hora cuarta del día haga ganas de beber y las chicharras quejumbrosas revienten con su cantinela los matorrales, ordenaré que los rebaños beban el agua que corre por canales de madera de encina junto a pozos y albercas." (Virgilio, Georgicas, III, 327)


La fertilidad de las tierras dependía de las lluvias y del caudal de agua de los ríos y manantiales, por lo que tanto las sequías prolongadas, y las crecidas extraordinarias de los ríos podían provocar estragos en las vidas de los habitantes de las riberas y en las cosechas que resultaban improductivas o dañadas.
En su panegírico a Trajano; Plinio relata como una inesperada sequía deja a los habitantes de las orillas del río Nilo esperando inútilmente la ansiada crecida que hacía fértiles sus campos, por lo que tienen que recurrir al emperador Trajano para que les ayude.

“Mucho se había preciado Egipto de hacer crecer y prosperar las semillas, llegando incluso a decir que nada debía ni a las lluvias ni al cielo. En efecto, regado permanentemente por su propio río y acostumbrado a no ser fecundado por ningún otro género de aguas más que las que él mismo había vertido sobre sí, se veía cubierto por tantas cosechas que rivalizaba con las tierras más feraces como si nunca hubiese de ceder en fertilidad ante ellas. Pero de repente, por una inesperada sequía tanto se resecó que su suelo se volvió estéril, pues el perezoso Nilo había salido de su lecho con cierta indecisión y desgana. Sin duda, incluso entonces era digno de ser comparado con los ríos más caudalosos, no obstante, no era ya más que un río que podía ser comparado con otros. Como consecuencia de ello, la mayor parte de las tierras de esa región, acostumbradas a verse inundadas y vivificadas por el río, ardían bajo una espesa capa de polvo.” (30, 1-3)

Por el contrario, las lluvias torrenciales podían provocar unas crecidas tales de los ríos que al desbordarse causaban grandes catástrofes, como la relatada por el propio Plinio en una carta a Macrino, en la que cuenta las consecuencias de la inundación del río Tíber en los primeros años del siglo II.


“Aquí, las tormentas son continuas y las inundaciones frecuentes. El Tíber se ha salido de su cauce y se extiende por las tierras más bajas de su ribera, donde sus aguas alcanzan una gran profundidad… Además, saliendo, por así decirlo, al paso de aquellos otros río cuyas aguas acostumbra a recibir y a llevar mezcladas con las suyas, obliga a éstos a retirarse en sentido contrario, y de ese modo inunda con las aguas de otros ríos las tierras que él mismo no baña… Aquellos que se encontraban en terrenos más elevados cuando sobrevino la catástrofe han podido ver flotando al azar sobre una gran extensión de las tierras inundadas en algunos sitios los muebles y la lujosa vajilla de los ricos habitantes del lugar, en otros, todo tipo de instrumentos agrícolas, aquí bueyes, arados y los campesinos que los guiaban, allí rebaños dispersados y abandonados a su suerte, y en medio de todo ello, troncos de árboles y vigas de las villas.” (Epis. VIII, 17)

En los atrios y peristilos de las casas se construía un impluvium o un estanque cuya finalidad principal era recoger el agua de lluvia, que podía conservarse en una cisterna, normalmente situado por debajo y cuya utilidad dependería de su capacidad. El agua se extraía por un orificio que quedaba cubierto por una rejilla a l que rodeaba un brocal de mármol o terracotta (puteal) que por su decoración contribuía a la ornamentación del lugar.



Atrio con impluvium y pozo

Agua útil es aquella empleada para atender las necesidades básicas de la vida doméstica, esto es la alimentación y la higiene. Así pues, la encontramos en las cocinas, sirviendo para la preparación de alimentos y bebidas (vino), o en las letrinas, para el aseo matutino. Para estas tareas y otras como el lavado de la ropa y la limpieza de la casa, la cantidad de agua empleada era muy reducida. Mucho mayor era, sin embargo, su consumo para fines lúdicos y ornamentales.
El agua formaba parte de la decoración de jardines en las grandes villas romanas. Además de ayudar al crecimiento de las plantas que añadían frescor y alegraban la vista de los moradores de la casa, el agua tenía una función estética al integrarse en el adorno de fuentes, estanques y ninfeos.

“Allí nace también un manantial e inmediatamente se oculta En muchos lugares han sido colocados, además, bancos de mármol, que a los que se hallan fatigados del paseo les resultan tan agradables como el propio pabellón. Al lado de estos bancos hay pequeñas fuentes, y por todo el hipódromo suena el rumor de los arroyos que, conducidos por un sistema de canales, van por donde la mano del hombre los lleva. Con ellos se riegan ora unas plantas ora otras, y en ocasiones todas ellas simultáneamente.” (Plinio, Epis. V, 6, 40)



Casa de los Repuxos, Conimbriga, Portugal

 El balneum privado, gracias al avance técnico que permitió mejorar el suministro de agua y la posibilidad de calentarla, se convirtió en un lujo para los propietarios de villas rurales. Precisamente, en las casas de campo, los baños privados adquirieron mayores dimensiones, e incluso, dependiendo de la economía del dueño, podían imitar a los públicos.
Con el tiempo, a la sencilla estructura de los balnea se añadieron vastos espacios para practicar deportes, grandes piscinas para nadar al aire libre, salas de masaje, salones de descanso, bibliotecas, pórticos, jardines, surtidores y obras de arte, etc.

¿He de recordar… los baños, cuyos suelos humean por sus regueros, cuando Múlciber, sacado de su ardiente profundidad, hace rodar sus llamas deseadas a través de las tuberías de estuco, acumulando el vapor encerrado por el calor que se despide?  Vi yo mismo cómo gentes cansadas de los muchos sudores del baño, desdeñaban los estanques y los fríos de las piscinas para disfrutar de las aguas vivas; luego, reanimados por la corriente, golpeaban el helado río con su ruidoso nadar. Porque si llegase aquí un forastero desde las costas de Cumas, creería que la euboica Bayas había regalado copias pobres a estos lugares: tanto refinamiento y tanta elegancia seducen, más el deleite no se excede en lujo ninguno.(Ausonio, Mosela)



Natatio, villa de Minori, Italia

 A finales del siglo III d.C., y sobre todo en el s.IV d.C., tras la crisis que provocó el éxodo de los grandes terratenientes a la ciudad, los balnea rurales sirvieron para proporcionar prestigio a sus dueños, al hacerse más monumentales.

 “No es improcedente, si hay abundancia de agua, que el cabeza de familia piense en la construcción de un baño, cosa muy interesante para la propia satisfacción y la higiene.”

En época romana, el agua constituía un medio de transporte rápido, seguro y barato. La existencia de vías fluviales facilitaba el asentamiento de población atraída por la ventaja que proporcionaba el transporte por ellas para las actividades económicas.

"Cuenta el navegante burlado también esas verdes vides, el navegante que flota, en su barquilla cavada en un tronco, por el centro de la superficie, allí donde el reflejo confunde río y colinas, y enlaza el río los límites de las sombras. ¡Y qué agradables cortejos presentan también estos espectáculos, cuando las barquillas de pies de remos luchan con el corazón del río y penetran en los distintos meandros y rozan a lo largo de las verdes orillas los retoños tiernos de los prados segados! Van los alegres patronos de proa a popa, y su gente, que, aún imberbe, camina sobre las espaldas de la corriente, mientras ven cómo se marcha el día, haciéndoles posponer sus serias ocupaciones con el juego: el nuevo encanto disipa las antiguas preocupaciones." (Ausonio, Mosela)



Mosaico de Susa, Túnez
Los ríos, al contrario que las vías terrestres, no necesitaban una preparación previa para hacerlos transitables y constituían un magnífico medio de comunicación para los viajeros en sus desplazamientos por motivos de trabajo u ocio. La facilidad de transporte y la fertilidad de los valles bañados por los ríos convirtieron las tierras ribereñas en asentamientos propicios para la instalación de villas productivas y de recreo.

"Merece la pena creer que estos arquitectos, u otros parecidos, levantaron en tierras de los belgas escenarios magníficos: las villas, adornos del río. Una está, por su situación, colgada del aire en lo alto de una roca; otra, levantada en la base que le ofrece la orilla al meterse en el río; ésta se retira y reclama para sí la corriente, recogiéndola en un remanso. Aquélla, dominando una colina que se alza enorme sobre la corriente, consigue fáciles perspectivas sobre los campos cultivados o sobre los yermos y así goza feliz con la contemplación de sus propias tierras. Además, la que está construida con humildes cimientos en los prados regados, compensa las ventajas naturales de un monte elevado y se alza amenazante hasta los cielos con su tejado soberbio, mostrando una torre alta cual la menfítica Faros. Ésta se ocupa de capturar los peces aprisionados en una garganta cercada de rocas entre unos barbechos soleados; aquélla, que se asienta en lo más alto de los collados sobre los ríos que se deslizan, mira con tenebrosa mirada." (Ausonio, Mosela)


Pintura villa de San Marco, Stabia, Italia


Los ríos y lagos se convirtieron en espacios dedicados a la pesca, tanto como labor productiva como de ocio.

Pero una turba devastadora, por donde la orilla proporciona cómodos accesos, escudriña bien a fondo a los peces que ¡ay! mal se pueden defender en el interior del río. Uno, arrastrando lejos en medio de la corriente sus hilos mojados, se lleva en trampas nudosas abundantes capturas; aquel otro, por donde el río se desliza con tranquilo curso, extiende las redes que flotan gracias a las boyas de corcho; el de más allá, sin embargo, echado en unas rocas sobre las ondas que bajan, inclina las puntas ligadas de una rama flexible, dejando caer sus anzuelos bien dirigidos con cebos mortales. Después, la errante muchedumbre que nada, sin sospechar el engaño, los introdujo en sus bocas, y sus fauces abiertas sintieron en lo más profundo las tardías llagas del hierro oculto; al cimbrearse, sube la señal a la superficie y la caña, cabeceando, asiente al rizado temblor de la cerda que vibra; sin pérdida de tiempo y sacudido el pez con un golpe ruidoso, el diestro muchacho lo recoge tirando de través; el aire recibe el efecto igual que cuando la brisa resuena entre las ramas por el viento y silba el vendaval al levantarse. (Ausonio, Mosela)

También la caza de aves acuáticas suponía un recurso para los moradores de la villa.



Mosaico de Dar el Buc Ammera, Libia

La consideración de espacio sagrado de algunos ríos, fuentes y lagos implicaba que no se permitiera la pesca, ni el baño en ellos, como advierte Marcial en uno de sus epigramas.

"Pescador, mira que te lo advierto, huye lejos del lago de Bayas, no sea que te retires culpable. En estas aguas nadan peces sagrados, que conocen a su señor y lamen esa mano suya como no hay otra más poderosa en todo el orbe. ¿Qué decir de que tienen su nombre y cada uno acude a la voz de su guardián al ser reclamado? En cierta ocasión, en estas profundidades, un impío libio, al sacar una presa con su caña temblorosa, repentinamente ciego por habérsele robado la luz de sus ojos, no pudo ver el pez que había cogido y ahora, odiando a muerte aquellos anzuelos sacrílegos, se sienta a la orilla de los lagos de Bayas pidiendo limosna. En cambio tú, mientras puedes, aléjate inocente después de arrojar a las aguas tus cebos sin artificio y venera esos peces delicados."(Marcial, Epigramas, IV, 30)

Algunos ricos hacendados construían en sus posesiones estanques para peces (piscinae) que les permitía proveerse de pescado en cualquier momento, sin tener que depender de los mercados. Sin embargo, hubo muchos propietarios que los tenían solo para coleccionar peces de los que luego presumían antes sus amistades.

“Este bosque, estas fuentes, esta sombra entretejida de los pámpanos vueltos hacia arriba, esta corriente guiada de agua de riego, estos prados y rosales, que no ceden al Pesto de las dos cosechas, y todas las hortalizas que verdean y no se hielan ni en el mes de Jano, y la anguila doméstica, que nada en un estanque cerrado.” (Marcial, XII, 31)


Estanque de villa Ariana, Stabia, Italia

Bibliografía:

 http://revistaseug.ugr.es/index.php/cpag/article/view/106/737, EL REGADÍO EN LA HISPANIA ROMANA. ESTADO DE LA CUESTIÓN, Francisco Beltrán LLoris y Anna Willi **
 http://revistas.uned.es/index.php/ETFII/article/viewFile/1877/1754, Uso y disfrute del agua en la Villa Romana de Puente de La Olmilla (Albaladejo, Ciudad Real). El aprovechamiento hídrico en el Mundo Romano, Carmen García Bueno
 http://revistas.ucm.es/ghi/02130181/articulos/GERI8888120223A.PDF, Aqua publica y política municipal romana, Juan Francisco Rodríguez Neila
 http://revistas.ucm.es/index.php/GERI/article/view/GERI0000110041A/14366, PRODIGIO Y EXPIACIÓN EN EL IMPERIO DE TRAJANO, Santiago Montero